Hoy, me siento la mujer más infeliz y más pequeña del mundo. ¿La causa? Un corazón roto. No sé si llegó el momento de pagar mis deudas y me las cobran del tirón. Quizás el error fue fijarme en él, en primer lugar. ¿Por qué, entre tantos hombres, tuve que enamorarme de él?. ¿Cuál es el sentido de la vida, si nos pone en las narices postres apetecibles que terminarán dañándonos?. Nos permite soñar y vislumbrar la alegría, hasta que observas atenta y descubres el espejo distorsivo.
Hoy, finalmente me lo dijo, eso que yo sospechaba hace tiempo. Que no soy suficiente, que no valgo tanto como para arriesgar su vida, que hay cosas que pesan más que el amor. Claro, todo muy lindo, muy camufladito, muy elegante, así como él. Una parte de mí lo comprende, la otra del todo no. ¿Cómo puede alguien decirte que te ama, si no quiere pasar su vida contigo?, ¿cómo alguien te puede regalar el oído cada día, sin pensar en sentar la cabeza?. Al fin me convertí en lo que siempre odié y critiqué … la cabeza hueca enamorada que pierde su dignidad en nombre del amor. ¡Pobre estúpida!, pobre… estúpida… pobre… estúpida… estúpida… estúpida…
Al llegar a la bifurcación se presenta el dilema: ¿le dejo?, pues sé que junto a él no tengo futuro y sólo me espera dolor, eso sí, aderezado de buen sexo, mucha ternura y un amor dulcísimo, almibarado, exquisito cual nutella, debidamente dosificado en temporaditas. ¿Continúo con él?, a sabiendas que he de hacerme la sorda a las voces, fingiendo ser ciega ante los sinos, fosilizándome como una dulce Penélope sentada en la banca y oteando el mar, el andén o el arribo de ese vuelo, juntando migajas y agradeciendo por ello.
Lo que sí no puedo hacer es creerme que habrá final feliz. Las excusas, los apegos, la cobardía, el miedo … todo es contrapeso en esta balanza maldita en la que me ví sentada y , tonta de mí, he perdido peso para ser más atractiva, logrando solamente que la balanza se incline con mayor fuerza del otro lado. ¿Ahora que gano con mi belleza si se me ha arrugado el corazón estío?. Por otro lado, si he de padecer, al menos que sea con una envoltura bonita, eso sí.
Hoy, cometí el descuido de dejar mi puerta abierta. Mi retoño me ha visto cubierta de lágrimas. De eso siempre la he protegido, ¿cómo se me fue a olvidar pasar la tranca?. Que mis dolores y errores sean solo míos, que no la salpiquen a ella, que es inocente de todo lo que me acontece. ¡Oh, dulce corazón tiernito, comprende mi pena, minimizada al máximo para restarle carga!.
¿Y ahora qué sigue? El llanto no cesa, el dolor recrudece, las entrañas se deshacen. Ahora supongo que el siguiente paso es acudir a la farmacia, comprar ligaduras de las más fuertes, curitas antisépticas y un botellón de agua oxigenada. Con todo eso deberé limpiar la herida. ¿Herida, digo?, ¡la zanja que me ha quedado!. Dice Lope de Vega que el amor tiene fácil la llegada y difícil la salida, ¡cuán sabio era!.
¿Y el futuro?. Totalmente incierto, así es. Ahora no tengo brújula, pues se me fue para la playa. Ahora no hay rosa de los vientos que me indique el camino, la mía se quebró con una llamada larga distancia. Estoy totalmente sola, bueno, sola no. Me acompaña mi dolor y sé que me acompañará por largo tiempo. Además están mi gorda, mi príncipe, mi brújula. Debo dar gracias por ellos.
¿Puedo vivir sin él?, de poder, he de poder, aunque no sé bien cómo… es tanto tiempo a su lado. Era tan sólido y tan firme, tan buen apoyo y tan cálido cobijo. Me hizo soñar tanto, me dio tantas fantasías. Me amó enormemente, al menos hasta dónde pudo. Ahora nada. Desnuda ante el inclemente frío.
¿Quién me iba a decir que Thor iba a dejar caer su maza en mi cabeza?. ¡Ay de mí!, la chichota es enorme, gigantesca, descomunal. ¡Ay de él!. Bueno … ¿por qué Ay de él?, ¡que se pudra en los infiernos por cobarde!, ¡que siga vagando por su perfecta y deslucida vida!.
Ahora es cuestión de sacar entereza, de forrarme las tripas y de morderme los labios, de borrar su número y de no abrir correos, de olvidarme que existe y seguir con mi vida. Al fin y al cabo, mi vida es mejor de lo que fue, soy independiente, tengo una buena vida, tengo gente que me quiere … y lo mejor … inoculada contra el amor. Sería muy tonta si no quedara inmunizada luego de esto. ¿O será que mi amor es distinto?. Yo de verdad pensé que él era el elegido, obviamente me equivoqué, pero confié ciegamente en él. Si lo fuera sentiría lo mismo que yo. Si lo fuera dejaría todo por mí. Si lo fuera … pero no lo es.
¡Qué estúpida fui!, ¡Qué estúpida soy!. Me cuesta respirar, me cuesta ver, me cuesta existir. ¡Vaya, vaya, digna frase de la Dama de las Camelias!. La veta poética me sale aún en los peores momentos, o es precisamente en tan aciago momento, que puedo expresar todo mi tormento de forma más sutil. ¡¡Bah!! ¿Y de qué sirve la poesía?, te aturde lo suficiente para que llegue el cavernícola oculto y te tome de las greñas, te arrastre hasta su cueva y se empodere de ti. ¡¡¡¡Y para colmos va una de imbécil y da las gracias!!!! . El acabose.
Bueno, los párpados me pesan. De tanta lágrima vertida, al menos he de haber adelgazado un kilo. De los pesares extraigamos bondades, jeje. Pero ¡¡¡ay del hijueputa que se me ponga a tiro, ay del que ose ir más allá de mi cuerpo!!. En buena teoría, luego de unos meses, alguno llegará que estimule mi libido, que me cubra de flores y que espere mis besos, esos besos de una noche, que no llegan al alma. Guácala!! Mejor me hago monja.
Este tren ya partió, silencioso, dolido y jurándome amor … que amor sí me tuvo, ¡¡eso lo sé!!. Que el amor no le alcanzó … lamentablemente también lo sé… ¡¡¡Ay, qué vida, qué vida la mía!!!
sábado, 10 de abril de 2010
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