martes, 9 de marzo de 2010

Misiva a un corazón cansado

Querida mía:
Los desánimos nos acompañan por trechos, levantan polvo en el camino, asfixian la respiración... nos embozamos con los ojos entrecerrados, volvemos el rostro a los vientos cargados de arena, caminar cansado, a contracorriente. El árido paisaje rodea los senderos y adorna los vados resecos entre maleza, hierbas que amarillean en la mañana alejada de humedades invernales.
Este deambular peregrino y somnoliento se mantiene, contenido entre los espacios vacíos de manos sedientas. Es caminar tedioso, lento paseo. En la noche, en la desolada tundra, pequeñas ramitas pretenden cálidas llamas, lenguas ardientes con las que el alma se consuele. Mas no siempre es posible, no siempre acontece que prenda la lumbre, que encienda el espíritu, que reflejen pavesas de estrellas mis pupilas dormidas.
Sé, amor mío... que la senda es penosa, que el recuerdo es asalto de fuego y marfil, que la esperanza es un óleo de cielo que se dibuja y desdibuja intermitente, bruma y amanecer, baño de ocres redentores.
Sin conocer el futuro, en el ansia apegada al corazón de bolas de cristal, naipes y posos de café... desespera el alma en la espera ausente, encandila el deseo de los cuerpos unidos, de los labios besados, de las manos soñadas en el roce perpetuo, de la música asomada a las ventanas de pétalos vigilantes, pistilos dormidos, deseo, amor correspondido.
Confíar en el bosque lluvioso, coronado de nubes disipadas. Confiar en los haces cercanos de luces de flexo solar, de plexo lunar mientras te refugias en mis omoplatos tímidos. Confiar en las noches soleadas de sueño, de desnudos confiados, pelados amores. Gallo pinto y casado, licuado y frijoles. Mesa serena con postre nutellado, trattoria, jugo recien envasado, pasillos de mercados plagados, filas leales de jamones ibéricos. Librerias domingueras, solitarias y nuestras. La lluvia en el parabrisas, buscando canciones... palomitas que vuelan de la mano a la boca, en los cines enlatados. Tu mano en la mía, mi mano en la tuya. Libros, libros y libros... Centros comerciales repletos, ansiosos. La noche recien dormida, teatros guardados de antaño, tu risa en la mía, mi risa besando tu labio escondido, bebiéndote el alma a sorbos perdidos. Tus uñas pintadas de flores, tus piernas de nacar vestidas, tus ojos abiertos conscientes, tus ojos postrados del sexo que nace insurgente, que inunda tu carne, que rasga tu entraña, que moja tu boca, desborda tu estancia. Tu grito callado en la cama, mis dedos hurgando la llaga, tu boca sonando afinada mi cetro de teclas lastrado. La lluvia nacida en tus dedos, la lluvia vestida de rojo labial, de plata fundida en tu pecho, de savia mojando tus muslos.
Tus pies buscando los míos, mi pies soñando los tuyos. El sueño, el día... tu piel, mi mano, tu espalda.
Te amo.

Tu Capitán

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