Querida mía:
Los desánimos nos acompañan por trechos, levantan polvo en el camino, asfixian la respiración... nos embozamos con los ojos entrecerrados, volvemos el rostro a los vientos cargados de arena, caminar cansado, a contracorriente. El árido paisaje rodea los senderos y adorna los vados resecos entre maleza, hierbas que amarillean en la mañana alejada de humedades invernales.
Este deambular peregrino y somnoliento se mantiene, contenido entre los espacios vacíos de manos sedientas. Es caminar tedioso, lento paseo. En la noche, en la desolada tundra, pequeñas ramitas pretenden cálidas llamas, lenguas ardientes con las que el alma se consuele. Mas no siempre es posible, no siempre acontece que prenda la lumbre, que encienda el espíritu, que reflejen pavesas de estrellas mis pupilas dormidas.
Sé, amor mío... que la senda es penosa, que el recuerdo es asalto de fuego y marfil, que la esperanza es un óleo de cielo que se dibuja y desdibuja intermitente, bruma y amanecer, baño de ocres redentores.
Sin conocer el futuro, en el ansia apegada al corazón de bolas de cristal, naipes y posos de café... desespera el alma en la espera ausente, encandila el deseo de los cuerpos unidos, de los labios besados, de las manos soñadas en el roce perpetuo, de la música asomada a las ventanas de pétalos vigilantes, pistilos dormidos, deseo, amor correspondido.
Confíar en el bosque lluvioso, coronado de nubes disipadas. Confiar en los haces cercanos de luces de flexo solar, de plexo lunar mientras te refugias en mis omoplatos tímidos. Confiar en las noches soleadas de sueño, de desnudos confiados, pelados amores. Gallo pinto y casado, licuado y frijoles. Mesa serena con postre nutellado, trattoria, jugo recien envasado, pasillos de mercados plagados, filas leales de jamones ibéricos. Librerias domingueras, solitarias y nuestras. La lluvia en el parabrisas, buscando canciones... palomitas que vuelan de la mano a la boca, en los cines enlatados. Tu mano en la mía, mi mano en la tuya. Libros, libros y libros... Centros comerciales repletos, ansiosos. La noche recien dormida, teatros guardados de antaño, tu risa en la mía, mi risa besando tu labio escondido, bebiéndote el alma a sorbos perdidos. Tus uñas pintadas de flores, tus piernas de nacar vestidas, tus ojos abiertos conscientes, tus ojos postrados del sexo que nace insurgente, que inunda tu carne, que rasga tu entraña, que moja tu boca, desborda tu estancia. Tu grito callado en la cama, mis dedos hurgando la llaga, tu boca sonando afinada mi cetro de teclas lastrado. La lluvia nacida en tus dedos, la lluvia vestida de rojo labial, de plata fundida en tu pecho, de savia mojando tus muslos.
Tus pies buscando los míos, mi pies soñando los tuyos. El sueño, el día... tu piel, mi mano, tu espalda.
Te amo.
Tu Capitán
martes, 9 de marzo de 2010
viernes, 5 de marzo de 2010
La vaca azul
Érase una vez una vaca azul, tan azul como un cuajo de cielo, tan azul como el océano índico, tan azul como las notas que brotan de un viejo saxofón.
Su madre pensó al verla nacer, tan chiquita y tan brillante “ ¡¡es tan hermosa!! Brillará tanto que la nombraré Estrella”. ¡¡La pobre!!! Pobre cuadrúpeda llamada Estrella. Mal presagio fue su nombre. ¿en qué cabeza cabe ponerle Estrella a una criatura de Dios?. Veréis el motivo de mi enfado.
¿Cómo describirías una estrella? “¡Ah!, son objetos luminosos muy lindos, que decoran la noche y nos acompañan en nuestras correrías…”
Ingratos!, Injustos! Egoístas!! ¡¡Mísera descripción!!
Es cierto que las estrellas brillan, pero ¿de qué sirve su brillo si no le ayuda a vislumbrar un mejor camino? Brilla, cierto, pero siempre brilla sola. ¿Acaso os preocupáis por lo que la pobre Estrella siente?
Allá en el firmamento, ligada a la noche, perdiéndose lo que ocurre la otra parte del día, o a merced de esas envidiosas nubes, que se creen la gran cosa, que la tapan y la anulan cuando les da la gana. ¡Siempre escondida!, bueno, escondida a ratos, a merced de que otros la dejen brillar y mostrar por un ratito su luz . Escondida cual pecado vergonzante que nos oprime el pecho. Solitaria cual gemela que fue arrancada de su par. Me diréis que no se encuentra sola, que hay muchísimas más para hacerle compañía. Error!! Sabéis la distancia que hay entre ellas? No pueden ni siquiera contarse sus secretos, no pueden jugar ronda, no pueden bailarse un buen bolero. ¡¡Pobre estrella!. Perdida en ese espacio asignado, desplazándose poquito a poco, para volver a empezar de nuevo la noche siguiente, observando y callando, sola … siempre sola.
Quién le celebra su cumpleaños? Quién la acompaña a correrías? Quién le susurra a la oreja? Quién le toma la mano? Quién la protege del frío? Quién la acompaña durante el día? Quién la consuela cuando llora? Quién le hace un té cuando llegan esos días?
Y la pobre vaca se llamó Estrella!!! Para colmos le pintaron en su lomo unas estrellas … 4 ó 5 estrellas, si no me equivoco. ¡Ay de ella!. Le plantaron en su frente una cornamenta en forma de luna. Pero ¿¿¿cómoooooooo?? Ni siquiera se ha casado y ¿¿¿ya le pusieron los cuernos??? ¡Es el colmo!. Además la exponen al público, nada menos que frente a una taquería mexicana anunciada por un chihuahua, que de mexicana tiene mucho de gringa.
Moraleja: nunca le pongas Estrella a una vaca, porque sales estrellada, solitaria y cornuda, y para rematar, a la vista de todo el mundo!. He dicho!.
Su madre pensó al verla nacer, tan chiquita y tan brillante “ ¡¡es tan hermosa!! Brillará tanto que la nombraré Estrella”. ¡¡La pobre!!! Pobre cuadrúpeda llamada Estrella. Mal presagio fue su nombre. ¿en qué cabeza cabe ponerle Estrella a una criatura de Dios?. Veréis el motivo de mi enfado.
¿Cómo describirías una estrella? “¡Ah!, son objetos luminosos muy lindos, que decoran la noche y nos acompañan en nuestras correrías…”
Ingratos!, Injustos! Egoístas!! ¡¡Mísera descripción!!
Es cierto que las estrellas brillan, pero ¿de qué sirve su brillo si no le ayuda a vislumbrar un mejor camino? Brilla, cierto, pero siempre brilla sola. ¿Acaso os preocupáis por lo que la pobre Estrella siente?
Allá en el firmamento, ligada a la noche, perdiéndose lo que ocurre la otra parte del día, o a merced de esas envidiosas nubes, que se creen la gran cosa, que la tapan y la anulan cuando les da la gana. ¡Siempre escondida!, bueno, escondida a ratos, a merced de que otros la dejen brillar y mostrar por un ratito su luz . Escondida cual pecado vergonzante que nos oprime el pecho. Solitaria cual gemela que fue arrancada de su par. Me diréis que no se encuentra sola, que hay muchísimas más para hacerle compañía. Error!! Sabéis la distancia que hay entre ellas? No pueden ni siquiera contarse sus secretos, no pueden jugar ronda, no pueden bailarse un buen bolero. ¡¡Pobre estrella!. Perdida en ese espacio asignado, desplazándose poquito a poco, para volver a empezar de nuevo la noche siguiente, observando y callando, sola … siempre sola.
Quién le celebra su cumpleaños? Quién la acompaña a correrías? Quién le susurra a la oreja? Quién le toma la mano? Quién la protege del frío? Quién la acompaña durante el día? Quién la consuela cuando llora? Quién le hace un té cuando llegan esos días?
Y la pobre vaca se llamó Estrella!!! Para colmos le pintaron en su lomo unas estrellas … 4 ó 5 estrellas, si no me equivoco. ¡Ay de ella!. Le plantaron en su frente una cornamenta en forma de luna. Pero ¿¿¿cómoooooooo?? Ni siquiera se ha casado y ¿¿¿ya le pusieron los cuernos??? ¡Es el colmo!. Además la exponen al público, nada menos que frente a una taquería mexicana anunciada por un chihuahua, que de mexicana tiene mucho de gringa.
Moraleja: nunca le pongas Estrella a una vaca, porque sales estrellada, solitaria y cornuda, y para rematar, a la vista de todo el mundo!. He dicho!.
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